Proyecto Glosas Croniquenses

Este proyecto surge de una rica veta de investigación basada en la teoría post-colonial que valida la lectura crítica de los documentos coloniales tempranos sobre el Tawantinsuyu y en la lingüística andina preocupada por la recuperación del acervo léxico-semántico de las lenguas que le competen. Los glosarios que conforman este proyecto recogen tanto palabras patrimoniales de las lenguas nativas como sus explicaciones o equivalencias en castellano, tal como aparecen en los textos tempranos escritos por españoles.

Fundamentos
La unidad de estudio es el par bilingüe, sincrónico, del siglo XVI. El proyecto utiliza la programación en computadoras para producir listados flexibles y abiertos que puedan ser continuamente revisados. Los listados están a disposición de los interesados a través de la red electrónica de información que facilita el acceso para su consulta y estudio.

Este proyecto se inició con Notables daños de no guardar a los indios sus fueros,de Polo Ondegardo; continuó con Pedro de Cieza y su Crónica del Perú. Segunda Parte; los siguieron la Suma y narraçion de Juan de Betanzos y la Historia del descubrimiento y conquista del Perú de Agustín de Zárate. Posteriormente ingresaron al Glosario los textos de Juan de Matienzo, Gobierno del Perú; “Carta a los magníficos señores oidores” de Hernando Pizarro y “Daños que se hacen a los indios” de Francisco Falcón. Recientemente hemos incorporado los textos de Cristóbal de Albornoz y de Cristóbal de Molina. Este material léxico es el corpus inicial del poyecto de bases de datos que podrá ser ampliado en el futuro.

Otros investigadores han desarrollado glosarios, generalmente al final de sus ediciones de textos coloniales, pero han añadido explicaciones de hoy a las entradas antiguas en quechua o en otras lenguas nativas. Con este desfase temporal distorsionan los significados sincrónicos, a la vez que continúan diseminando interpretaciones sobre la vida en el Tawantinsuyu que son diferentes de lo observado por los primeros europeos. Algunos lexicógrafos tienen como objetivo registrar la primera vez que una palabra aparece manuscrita o impresa; otros se han dedicado a identificar la etimología de las palabras seleccionadas sin discriminar por lenguas (Cf. Baldinger 1989). Todos esos glosarios han sido elaborados a partir de la lengua castellana.

A las palabras nativas que aparecen en los textos en castellano se les identifica como americanismos y se les estudia como préstamos al castellano. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (1992:89) da dos acepciones, la cinco y la seis, que nos competen para definir americanismo: “Vocablo, giro, rasgo fonético, gramatical o semántico que pertenece a alguna lengua indígena de América o proviene de ella.” Esta acepción se refiere a los rasgos de lenguas indígenas americanas que han pasado al castellano y por ello se les identifica como ajenas. Y: “Vocablo, giro, rasgo fonético, gramatical o semántico peculiar o procedente del español hablado en algún país de América.”. Esta acepción se aplica a la forma especial que adquiere el español en América, a su dialectalización caracterizada por la naturalización de términos indígenas. Esta última acepción describe la lengua en que están escritos los textos que analizamos: un español cargado no sólo de rasgos sino de léxico indígena, además de otras características definitorias.

En cambio, este proyecto trata a esos americanismos como palabras patrimoniales de las lenguas nativas de América que han pasado al discurso español por razones coyunturales. Los autores que las utilizaron creían que con ellas explicaban mejor el territorio americano para sus lectores europeos, le añadían exotismo a sus descripciones, eran las únicas que podían expresar el contenido que se quería transmitir, entre otros motivos. Estos términos indígenas son parte medular de las lenguas habladas en América al momento de la invasión española. Su estudio ofrece oportunidades invalorables para la reconstrucción de numerosos aspectos culturales nativos que no han sido bien comprendidos o han sido mal interpretados desde el tiempo de la invasión española. Además, es preciso incorporar significantes y significados nativos al acervo lingüístico de cada idioma o variedad idiomática.

Hasta ahora, este proyecto ha recibido varias subvenciones de parte de la Universidad de Arizona: la Humanities Research Initiative Grant del Colegio de Humanidades, dos veces: en 1997 y en el año 2000; la Faculty Small Grant de la Oficina de la Vicepresidencia de Investigaciones y de la University of Arizona Foundation en el año académico 1998/1999; y ayudas económicas específicas del College of Humanities de la Universidad de Arizona. Con la primera de ellas se hicieron las recopilaciones iniciales de material léxico y se adquirió algunos de los manuscritos fuente de las ediciones en circulación. La segunda subvención fue utilizada para formar el equipo de trabajo e iniciar el ingreso de la información a las bases de datos, para su cotejo con los manuscritos y su revisión y ajuste. Las subvenciones siguientes fueron utilizadas para continuar con el ingreso de datos del listado de control.

Objetivos
El objetivo principal de este proyecto es ofrecer pares de entradas sincrónicas bilingües castellano/lenguas nativas correspondientes al siglo XVI, a la vez que se recupera léxico quechua en contexto. Este trabajo apunta también a desarrollar una mejor comprensión de las descripciones que los autores españoles redactaron para explicarle a su lectoría europea la realidad andina, subrayando su naturaleza bi-cultural. En el mediano y largo plazo, este trabajo se convertirá en una serie electrónica de fuentes primarias, abierta tanto a los usuarios como a futuros contribuyentes. En todo texto del siglo XVI que trate de la región andina debe buscarse la terminología nativa y sus equivalentes. Para ello contaremos con una serie de tantas bases de datos como textos se haya estudiado, en un crecimiento continuo. Tendrá una administración permanente que esté lista a incorporar las nuevas entradas y mantener las existentes para que los investigadores las aprovechen.

Relevancia
Las descripciones tempranas de los andinos y de los Andes proporcionan una fuente de información única para el estudio de las expresiones narrativas históricas sobre la civilización Inka. Estos textos se escriben entre 15 y 40 años después de la desestructuración y destrucción de lo que se conocía como el “Imperio” de los Inkas. Este desfase temporal obliga a los autores a recurrir a la memoria de los testigos y a la transformación de esas memorias personales en textos historizados, organizados cronológicamente. Estos textos han pasado por varios procesos en los que la intermediación ha tenido un papel preponderante. Estos procesos van desde la traducción consecutiva de la expresión oral de las “lenguas generales” al castellano también oral, al paso del registro anudado en el khipu al registro escrito en el papel. Estamos presenciando aquí tanto procesos de traducción como de transcodificación: la información cambia de lengua y de código al quedar registrada. Cada uno de estos pasos añade una dosis de interferencia al mensaje. A pesar de todo ello, estos textos contienen información valiosa sobre los hechos culturales de civilizaciones pasadas. Tienen que ser reconsiderados y reevaluados tomando en cuenta los márgenes de distorsión que los procesos de intermediación generan para adaptarlos a la historiografía europea.

Esta serie de bases de datos electrónicos es una herramienta imprescindible por la rapidez y la versatilidad con que registra y exhibe la información para el estudio de la historia cultural Inka y Pre-Inka, de las lenguas andinas y castellana del siglo XVI, así como las ideas vigentes en esa fase de la presencia española en los Andes. También es una contribución a la ampliación y profundización de los recursos idiomáticos de las lenguas nativas y del consecuente enriquecimiento de sus patrimonios lingüísticos.

La disponibilidad de fuentes electrónicas para el investigador aumentará significativamente con esta serie de bases de datos. La flexibilidad que ofrece la nueva tecnología es idónea para este tipo de información. Las bases de datos se pueden utilizar independientemente o en conjunto, combinadas de acuerdo a las necesidades del investigador. La información se puede obtener sobre un sólo término en todos los autores, en un sólo autor sobre una selección de términos, y todas las combinaciones posibles. Los usuarios pueden adaptar las bases de datos a sus requerimientos de investigación y preparar listados más cortos a través de la selección de los datos para producir las fusiones y combinaciones que necesiten. Se puede también imprimir los listados que se quiera desde la red.

Equipo de trabajo
El primer equipo de trabajo del proyecto bajo mi supervisión, estaba compuesto por Roxana Castañeda, digitadora/coordinadora, la paleógrafa Martha Solano C. y el lingüista Marco Ferrel. Para contribuir con el proceso de revisión del ingreso de datos, invité a un miembro independiente, Judith Caballero, para que preparara un segundo listado de las palabras en lenguas nativas y poder contrastarlo con el primero. Miguel Rodríguez Mondoñedo, lingüista experto en bases de datos, colocó la información elaborada en la red electrónica.

Primeros pasos del proyecto
La primera identificación de los términos a ingresar produjo unas 200 entradas por texto estudiado, pero ese número aumentó en una segunda revisión. Cuando la paleógrafa comparó el texto editado con el manuscrito, sugirió que se incluyera también los topónimos. Estos términos generalmente describen el lugar que nombran, de manera que sus significados aumentarán el acervo léxico-semántico de las múltiples lenguas nativas que se hablaban y se hablan hoy en el territorio andino. Además, los nombres de los lugares nos dan más datos sobre la identidad de la lengua o lenguas presentes en el topónimo. Con las ocupaciones tanto sucesivas como simultáneas de muchos grupos étnicos en un mismo territorio, sucedió que cada uno nombrara las características geográficas en su propia lengua, y que nos hayan legado nombres superpuestos en lenguas distintas. Ello confirma la asombrosa multiplicidad que presenta la distribución lingüística del Tawantinsuyu (Torero 1990:239).

Cuando añadimos los antropónimos, el número de palabras listadas superaba ya las 400 en autores como Cieza y Betanzos. Hasta ahora sólo contamos con la información léxica y semántica de los nombres que nos proporcionaron los autores de textos y documentos históricos tempranos, no así las aclaraciones sobre la función que cumplían: si eran títulos, patronímicos, o primeros nombres. Como se puede apreciar, tanto los topónimos como los antropónimos identificados en textos tempranos son palabras muy productivas para la investigación léxica y semántica.

Puede sorprender que se incluyera las palabras castellanas que describían a los pueblos, funcionarios e instituciones indígenas. Sucede que a muchos funcionarios e instituciones se les conoce por su “sobrenombre” castellano (“orejones”, “parcialidades”, “provincias”) o taino (“cacique”, “ají”). Pero, se trata de un castellano o un taino “parciales”, en el sentido que sólo el significante lo es. El contenido es andino, aún cuando se omite utilizar la palabra que lo identifica. La idea de incluir estos términos “mestizos” se basa en la concepción misma de lo que es el signo lingüístico, definido como “una unidad del plano de la manifestación, constituida por la relación de presuposición recíproca que se establece entre las magnitudes del plano de la expresión (o significante) y del plano del contenido (o significado) durante el acto de lenguaje.” (Greimas 1982:376). Esta definición incumbe a una sola lengua, por supuesto, la más común de las ocurrencias. Pero en una situación especial de contacto y trasiego de lenguas como es la colonización, surgen signos complejos como los que descritos, en los que el significante pertenece a una lengua y el significado a otra. Al utilizarlos, sustituyen palabras quechuas como: “caciques” por “kuraka”; “maíz” por “sara”; “chicha” por “asua o aka”. Zárate es muy elocuente al respecto:

En todas las provincias del Peru avia señores principales que llamavan en su lengua curacas que es lo mesmo que en las Isla solian llamar caciques, porque los españoles que fueron a conquistar el Peru como en todas las palabras y cosas generales y mas comunes yvan amostrados de los nombres en que las llamavan de las yslas de Santo Domingo y Sant Iuan y Cuba y Tierra Firme donde avian bivido y ellos no sabian los nombres de la lengua del Peru, nombravanlas con los vocablos que de las tales cosas trayan aprendidos y esto se ha conservado de tal manera que los mismos indios del Peru, quando hablan con los christianos, nombran estas cosas generales por los vocablos que han oydo dellos, como al cacique que ellos llaman curaca, nunca le nombran sino cacique y aquel su pan de que esta dicho [sic: hecho] le llaman maiz, con nombrarle en su lengua çara y al brevaje llaman chicha y en su lengua, açua, y assi de otras muchas cosas. (Zárate 1995:55)

Zárate observa que “los mismos indios del Perú” utilizan la palabra importada cacique; bien podrían haber asumido que era una palabra castellana. Estas adiciones ampliarán el corpus aún más y lo enriquecerán significativamente. Las palabras castellanas o de otras lenguas que representan a una equivalente nativa van como entradas, añadiendo a su lado la palabra andina entre corchetes, puesto que le corresponden las explicaciones y definiciones. Los contenidos semánticos forman parte constitutiva del acervo lingüístico de una lengua, aún cuando el significante no lo sea. El significante foráneo ha sido incorporado al contenido del significante nativo desplazado.

La importancia de analizar las entradas y proponer una representación gráfica de los fonemas andinos radica en el establecimiento de la identidad del término subyacente, ya que cada autor desarrolló su propia ortografía que variaba prácticamente cada vez que utilizaba el término. Se ha encontrado errores de copistas, transcripciones deficientes e, inclusive, errores de imprenta. Se ha observado también variación equívoca al registrar el término nativo siguiendo el patrón oral. La representación gráfica de la fonética es una convención que entra en crisis cuando se trata de representar una lengua ajena, sin antecedentes de registro de escritura fonética. La representación normalizada nos permitirá saber cómo se pronunciaron estas palabras en el siglo XVI y, aplicando el alfabeto quechua, ordenar las palabras nativas alfabéticamente.

Queda abierta la invitación a todos los investigadores de textos primarios andinos escritos en castellano a participar en este proyecto lexicológico. Glosas croniquenses acogerá los aportes que enriquezcan el acervo lingüístico de las lenguas generales. Las colaboraciones se tratarán con Lydia Fossa, a través de su dirección electrónica: lfossa@pucp.edu.pe.

Bibliografía
(1992) Diccionario de la lengua española,. Madrid, Real Academia de la Lengua.
Baldinger, K. (1989). "Vocabulario etimológico". Crónica del Perú. Tercera Parte. F. Pease. Lima, Pontificia Universidad Católica del Perú: 331-395.
Betanzos, J. d. (1987). Suma y narración de los Incas. Madrid, Editorial Atlas.
Cieza de León, P. (1985). Crónica del Perú. Segunda Parte, El señorío de los Yngas. Lima, Pontificia Universidad Católica del Perú.
Greimas, A. J. y. J. C. (1982). Semiótica. Diccionario razonado de la teoría del lenguaje. Madrid.
Ondegardo, P. (1990). Notables daños de no guardar a los yndios sus fueros... [1571] (El mundo de los incas). Madrid.
Torero, A. (1990,). “Procesos lingüísticos e identificación de dioses en los Andes centrales.” Revista Andina (Año 8, No. 1): 237-263.
Zárate, A. d. (1995). Historia del descubrimiento y conquista del Perú. (1577) Lima, Pontificia Universidad Católica del Perú. Fondo Editorial.

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