Criterios de edición

Criterios de edición
Hemos recogido textos que ya han sido publicados, y solo en algunos casos, ha sido necesario compulsar esa edición con el manuscrito. Han sido los casos, por ejemplo, de Betanzos y de Ondegardo. Por eso verán en esos autores columnas dedicadas a la aparición de la versión de las palabras tal como aparecen, además, en el manuscrito. No debe extrañar que cada autor, y aún al interior de cada uno de ellos, la ortografía sea variable. Las reglas ortográficas estrictas, como las tenemos ahora, son un producto relativamente reciente, que se inicia a finales del siglo XIX. En el siglo XVI, no solo poca gente escribía, sino que no estaba reglamentada esa escritura: no hay indicaciones de mayúsculas, de puntuación, de acentuación. Estas han sido añadidas en las ediciones modernas para facilitar la lectura y aclarar su comprensión. La variable utilización de las vocales era perfectamente aceptable, la eliminación de la “h” no incomodaba y la inclusión de la “y” en entornos que ahora nos parecen inadecuados no llamaba la atención. Todo esto con respecto al castellano escrito (manuscrito o impreso) del siglo XVI.

En cuanto a la representación gráfica de lenguas indígenas, el problema se multiplica exponencialmente. ¿Cómo se representa del sonido /wa/? Muchas veces aparece como “gua”, otras como “hua”, otras como “ua” o “va”. Todas ellas son válidas. Todas intentan graficar el sonido /wa/ de /Waruchiri/ que aparecerá bajo numerosas versiones, o el de /waka/, que aparecerá indistintamente como “guaca”, “huaca”, “uaca” u otros. En las búsquedas será de mucha ayuda contar con el término tal como el autor solicitado lo representó en su texto. No se crea que los escritores que presentamos en nuestro Glosario son poco hábiles en el manejo de su propia lengua y en la de los indígenas; los propios lexicógrafos del momento presentan dudas y variantes. Es natural que esto suceda cuando la lengua oral, cualquiera que esta sea, recién está empezando a consolidarse como lengua escrita.

Puede sorprender que se incluya en Glosas croniquenses, siendo un registro de palabras y expresiones de lenguas indígenas americanas, las palabras castellanas que describían a los pueblos, funcionarios e instituciones indígenas. Sucede que a muchos funcionarios e instituciones se les conoce por su “sobrenombre” castellano (“orejones”, “parcialidades”, “provincias”) o taino (“cacique”, “ají”). Pero, se trata de un castellano o un taino “parciales”, en el sentido que sólo el significante lo es. El contenido es andino, aún cuando se omite utilizar la palabra que lo identifica. La idea de incluir estos términos “mestizos” se basa en la concepción misma de lo que es el signo lingüístico, definido como “una unidad del plano de la manifestación, constituida por la relación de presuposición recíproca que se establece entre las magnitudes del plano de la expresión (o significante) y del plano del contenido (o significado) durante el acto de lenguaje.” (Greimas 1982:376). Esta definición incumbe a una sola lengua, por supuesto, la más común de las ocurrencias. Pero en una situación especial de contacto y trasiego de lenguas como es la colonización, surgen signos complejos como los aquí descritos, en los que el significante pertenece a una lengua y el significado a otra. Al utilizarlos, sustituyen palabras quechuas como: “caciques” por “kuraka”; “maíz” por “sara”; “chicha” por “asua o aka”. Zárate es muy elocuente al respecto:

En todas las provincias del Peru avia señores principales que llamavan en su lengua curacas que es lo mesmo que en las Isla solian llamar caciques, porque los españoles que fueron a conquistar el Peru como en todas las palabras y cosas generales y mas comunes yvan amostrados de los nombres en que las llamavan de las yslas de Santo Domingo y Sant Iuan y Cuba y Tierra Firme donde avian bivido y ellos no sabian los nombres de la lengua del Peru, nombravanlas con los vocablos que de las tales cosas trayan aprendidos y esto se ha conservado de tal manera que los mismos indios del Peru, quando hablan con los christianos, nombran estas cosas generales por los vocablos que han oydo dellos, como al cacique que ellos llaman curaca, nunca le nombran sino cacique y aquel su pan de que esta dicho [sic: hecho] le llaman maiz, con nombrarle en su lengua çara y al brevaje llaman chicha y en su lengua, açua, y assi de otras muchas cosas. (Zárate 1995:55)

Zárate observa que “los mismos indios del Perú” utilizan la palabra importada cacique; bien podrían haber asumido que era una palabra castellana. Estas adiciones ampliarán el corpus aún más y lo enriquecerán significativamente. Las palabras castellanas o de otras lenguas que representan a una equivalente nativa van como entradas, añadiendo a su lado la palabra andina entre corchetes, puesto que le corresponden las explicaciones y definiciones. Los contenidos semánticos forman parte constitutiva del acervo lingüístico de una lengua, aún cuando el significante no lo sea. El significante foráneo ha sido incorporado al contenido del significante nativo desplazado.

La importancia de analizar las entradas y proponer una representación gráfica de los fonemas andinos radica en el establecimiento de la identidad del término subyacente, ya que cada autor desarrolló su propia ortografía que variaba prácticamente cada vez que utilizaba el término. Se ha encontrado errores de copistas, transcripciones deficientes e, inclusive, errores de imprenta. Se ha observado también variación equívoca al registrar el término nativo siguiendo el patrón oral. La representación gráfica de la fonética es una convención que entra en crisis cuando se trata de representar una lengua ajena, sin antecedentes de registro de escritura fonética. Hemos incluído una columna con la representación normalizada, lo que nos permitirá saber cómo se pronunciaron estas palabras en el siglo XVI y, aplicando el alfabeto quechua, ordenar las palabras nativas alfabéticamente. Esta normalización lingüística solo se ofrece para lenguas como el quechua, el aimara y el puquina. No así para lenguas centroamericanas como el taino o el arahuac, o para lenguas como el náhuatl, el cañar, el tallán, el muchic, el diaguita u otras.

Hay términos que se resisten a ser identificados como provenientes de una lengua específica, así es que, por el momento, se les ha atribuído la categoría de “incierta”, refiriéndose a su origen “incierto”. Hay otras palabras compartidas por dos o más lenguas, y eso se especifica en su identificación.

En fin, es un conjunto de glosarios que constituye todo un reto interdisciplinario no solo para elaborarlo, sino también para consultarlo, aprovecharlo en las diferentes investigaciones y, cómo no, mejorarlo y ampliarlo.