Pedro de Cieza

El hecho de haber vivido en Indias y en los Andes es de la mayor importancia para Pedro de Cieza de León. El lo utiliza como argumento para definir a los buenos cronistas y para establecer la confianza en lo que escriben. Para confirmar su estadía y su testimonio personal en las Indias, Cieza menciona varios nombres y nos da algunas fechas, todo ello verificable. Menciona a Juan de Sayavedra (Saavedra) como el Corregidor del Cuzco cuando él llega allá (1985:13). Mendiburu (1902:159) lo confirma, indicándonos además que ocupó este cargo entre los años 1549 y 1550. Cieza nombra a los Oidores de Los Reyes, Vravo de Saravia 1 y Hernando de Santillan. Ellos efectivamente ejercían ese cargo: Bravo de Saravia desde el 29 de abril de 1549 y Santillán desde enero de 1550 (Hampe, 1989:150). Estos dos funcionarios están en sus cargos cuando después de irse Gasca a España, la Audiencia de Lima ejerce el gobierno hasta la llegada del Virrey Antonio de Mendoza en 1551 (Pérez, 1986:222 y ss).

El Príncipe Felipe indica en su “Liçençia para escrevir” que “Pedro de Çieça ha residido mucho tiempo en las provinçias del Peru…” (Cieza, 1984:3) pero veremos que el tiempo que pasó en Nueva Castilla fue relativamente corto. De acuerdo a Marticorena (1955:622), Cieza sale de España en 1535, probablemente de Sanlúcar de Barrameda, “… puerto de donde salían todas las expediciones que para Indias se proyectaban y organizaban en Sevilla” (Jiménez de la Espada, 1877:xliv) 2 , usando el nombre Pedro de León 3. Son cuatro las personas homónimas que aparecen en los Asientos de Pasajeros que han sido publicados en el Catálogo de Pasajeros a Indias (1942). Debemos agradecer a Miguel Maticorena el haber identificado a sus padres, pues con ello reducimos el número de posibles identidades a dos. Un Pedro de León, hijo de Lope de León y Leonor de Cazalla, vecinos de Llerena, aparece dos veces en 1535 como posible pasajero. La primera el 2 de abril, a Cartagena, con Juan del Junco (Catálogo, 1942:27). La segunda, el 3 de junio a Santo Domingo (Catálogo,1942:69). Al parecer, otros pasajeros que iban con Juan del Junco del 2 de abril sí se embarcan, pues sus nombres no vuelven a aparecer en los registros de ese año. Se embarca finalmente el 3 de junio: Pedro de León, hijo de Lope de León y de Leonor de Caçalla, vecinos de Llerena que pasó a Santo Domingo en la nao de Manuel de maya...” (Maticorena, 1955:621). Llega a las Indias ese mismo año, 1535.

El viaje de Sevilla a Santo Domingo, contando con todas las ventajas climáticas, duraba aproximadamente 40 días (Martínez, 1984: 81). Se consideraba peligroso viajar entre junio y agosto, especialmente por el Caribe. El viaje podía extenderse hasta 80 ó 90 días, en espera de buen clima. Es posible que Pedro de León haya llegado a las Indias en agosto de 1535. Aunque se embarca con destino a Santo Domingo, sabemos de su presencia cuando llega a Cartagena. Las naves que venían de España llegaban a una de las islas de las llamadas Indias Occidentales, que podía ser “la Deseada, la Guadalupe u otra… Cuando las naves iban en convoy, aquí se repartían los galeones según fueran a Cartagena, Tierra Firme, La Habana, Santo Domingo o Nueva España. “ (Martínez, 1984:79). Es posible, entonces, que aunque uno se embarcara para Santo Domingo, en una de las escalas antillanas podía cambiarse de galeón para ir al lugar que deseaba. No conocemos registros de pasajeros de estos puertos intermedios, pero es factible que los pasajeros pudieran cambiar de destino final una vez en Indias.

Pedro de Cieza nos refiere que está en el Cenú, Cartagena de Indias, en 1535 (1984: 193). Como bien observa Jiménez de la Espada, “… ninguno de los varios lances o aventuras personales que él (Cieza) recuerda en las partes de su crónica que yo conozco, se refiere a tiempos anteriores al año de 1535…” (1877:xliv). Es posible que haya llegado a fines de 1535 a esa región, pues Cieza escribe que aún se hallaba la zona, en San Sebastián de Buena Vista, en 1536 (1984:47). En total, se queda en esa área bajo las sucesivas órdenes de Alonso de Cáceres, Jorge Robledo y Sebastián de Benalcázar (Pease, 1995:200) durante doce años: “Estando en Cartagena avra mas de doze o treze años…” (Cieza, 1984:194). Esto nos da los años 1547 o 1548 como posibles fechas de partida de esa región. De acuerdo a nuestro autor, está en Pacasmayo (Perú – Nueva Castilla) en 1548, pero investigadores antiguos, como Marco Jiménez de la Espada y contemporáneos como Carlos Araníbar y Franklin Pease opinan que esta fecha se consignó erróneamente, debiendo figurar el año 1547, confirmando sus doce años de estadía en la región de Cartagena.

Complementando esta última rectificación, Pease nos informa que está en Los Reyes desde setiembre de 1547 a diciembre del mismo año 4 (1984: xxiv). Por su parte, Jiménez indica en su “Prólogo” a la Guerra de Quito (1877: ci), que la partida de Cieza seguramente siguió la ruta de Benalcázar, bordeando la costa, en su viaje a Los Reyes. Allí probablemente se une a Benalcázar, poniéndose ambos bajo los estandartes reales. En esa ciudad conoce al dominico Fray Tomás de San Martín (Cieza, 1984: 199), una persona muy cercana a Bartolomé de Las Casas, el fraile dominico más influyente de la época y al Presidente don Pedro de La Gasca, quien tiene como secretario a un pariente de Cieza, Pedro López de Cazalla 5, nombrado como Escribano Mayor de la Nueva Castilla (Ballesteros, 1984: 18).

Cieza, bajo las órdenes de Benalcázar, inicia su viaje a Andahuaylas, donde confluyen las partidas realistas convocadas por el Presidente Gasca. Esta congregación de grupos armados se realiza desde fines de enero y durante los meses de febrero y marzo de 1548 (Hampe, 1989: 121). En abril de 1548, Cieza ya es parte de las tropas de Gasca en Xaquixahuana (Pease, 1984: xxiv, xxv) y el 9 de ese mes se libra esa batalla (Hampe, 1989: 122). Posteriormente va a Las Charcas como representante de Gasca para recopilar información.6 Se encuentra allá en 1549 (Pease, 1984: xxv y Cieza, 1985: 265) mientras Polo de Ondegardo funge como Corregidor y Justicia Mayor 7 . Cieza viaja después al Cuzco, donde probablemente conoce a Juan de Betanzos 8 . Allí se queda desde julio de 1549 hasta agosto de 1550, ya que nos indica (1984: 317) que en setiembre de 1550 está otra vez en Los Reyes. Abandona el Perú para ir a España entre setiembre y diciembre de 1550 (Cieza, 1984: 224), a donde debe llegar en 1551. Maticorena nos da más precisiones sobre su viaje de regreso:

“A comienzos de febrero de 1551 Cieza de León está ya en Panamá. El día once se encuentra en Nombre de Dios, luego de pasar el Istmo por Cruces y la via del Chagres. Queda constancia que en esa fecha registra más de setecientos pesos de su propiedad. … A mediados de mayo Cieza figura como pasajero en La Habana. … A mediados del 51 Cieza navega rumbo a España. A fines de julio o comienzos de agosto del 51 arriba a Sevilla… Fecha documentada es el once de agosto en que suscribe cartas de dote y arras…” (Maticorena, 1991: A-5).

Según los datos de Miguel Maticorena, el viaje de Cieza a España bien pudo durar nueve meses, de enero a agosto de 1551. Es posible que Cieza haya seguido escribiendo durante 1551, ya que firma el contrato de impresión con Martín de Montesdoca el 26 de octubre de 1552, acordando iniciar la impresión en diciembre de ese mismo año (Maticorena, 1984: liii). Según Maticorena (1984: l), este contrato lo firma después de su viaje de Sevilla a Toledo y Monzón (donde va para obtener sus permisos de impresión) entre mayo y octubre de 1552. Martín de Montesdoca termina de imprimir la Primera parte en marzo de 1553.

El Príncipe Felipe quería resaltar el “mucho tiempo” que había residido Cieza en el Perú, seguramente para destacar su calidad de testigo presencial de cuanto describía en su texto. En efecto, Cieza pasa aproximadamente 17 años en Indias: “Siendo el author de edad de treynta y dos años, aviendo gastado los diez y siete dellos en estas Indias.” (1984: 317), pero sólo una fracción de ese tiempo, dos años y medio (julio de 1547 a setiembre o diciembre de 1550), lo pasó en la Nueva Castilla.

La vocación de historiador en Cieza sólo desaparece con su muerte. Comprendía la necesidad de conservar por escrito lo que estaba sucediendo, pues sabía que tendría un importante valor testimonial ante la administración de justicia y ante el Rey. Intuía que sus escritos causarían revuelo y reacciones: en su testamento autoriza su publicación póstuma, solamente quince años después de su muerte. Este hecho, aunado al de la. solitaria publicación en vida de su Primera parte, que cubre temas bastante generales, es, a nuestro modo de ver, indicativo de lo polémico del contenido de los textos que no se publicaron, especialmente los de las guerras civiles, en que se registra quiénes fueron leales al Rey y quiénes no, factor indispensable en la distribución de dádivas y mercedes de la corona, presentes y futuras. Quienes no se sintieron bien retribuídos con el reparto de Guaynarima, posiblemente la mayoría incluyendo al mismo Cieza, estaban listos a reaccionar contra el funcionario que estuviera más cerca (Gasca ya estaba a bordo de la nave que lo llevaría a España) o contra quienes contribuyeran a difundir y, con ello, a comprobar, la participación en acciones bélicas en contra del Rey, consideradas como alta traición.

Es posible que escribir sobre estos asuntos, así como denunciar las atrocidades cometidas contra los indígenas, le costara la vida al cronista, o por lo menos, apurara su muerte, ya que murió en el intento de obtener los permisos necesarios para la publicación de su obra completa. Pedro de Cieza fallece en Sevilla, el 2 de julio de 1554 (Maticorena, 1955:625), a la edad de 34 años.
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El texto Segunda parte de la Crónica del Perú: El Señorio de los Yngas

Pedro de Cieza consideraba los textos que había escrito, cuatro en total, como si fueran las partes de un mismo trabajo, su Cronica del Peru. Llama “parte” a cada uno de los volúmenes que constituyen su obra. La Primera parte “que trata la demarcacion de sus provincias la descripcion dellas…” (1984:1) fue publicada en Sevilla en 1553. La Segunda parte conocida como “El señorio de los Yngas” fue publicada por primera vez en 1880, por Marcos Jiménez de la Espada. La Tercera parte, dedicada al descubrimiento y conquista del Perú, se publicó en forma completa recién en el siglo XX. La cuarta y última parte, que refiere las guerras entre los conquistadores, consta de tres libros identificados hasta ahora (Pease, 1995:197): los que corresponden a las guerras de Salinas, Chupas y Quito. La búsqueda queda abierta, ya que él ofreció cinco libros para la Cuatra parte en el Proemio a toda la obra, más dos Comentarios. Los libros que faltan, referidos a las guerras de Huarina y Jaquijahuana, están relacionados con las actividades de Pedro de la Gasca en el Perú.

La Segunda parte lleva como subtítulo El señorio de los Yngas y, aunque casi todos los capítulos refieren las vidas y hechos de los Inkas, los diez capítulos iniciales –los primeros dos de los cuales están perdidos– nos relatan acontecimientos anteriores a los Inkas.

Araníbar anota que Cieza nos presenta en el Señorio una versión “oficial” de la historia cuzqueña, “construyendo una historia coherente y amena, no exenta de matices críticos, pero sin dudas sustantivas, con los personajes y las instituciones delineados por rasgos claros y distintos.” (1967: xxxi). Esta afirmación nos remite a una presentación canónica de los gobernantes Inka y sus obras más importantes, que generalmente se reducen a una repetición de las guerras de anexión y la construcción o ampliación de grandes obras de ingeniería. Como Cieza nos ha dicho anteriormente que las actitudes beligerantes se usaban muy raramente, llama la atención la contradicción. Asimismo, le atribuye todas las obras civiles a los Inkas, como si sus antecesores no hubieran ejecutado obra alguna. Ello nos lleva a inquirir sobre los métodos de encuesta que utiliza el cronista. Parecería que pregunta lo mismo con respecto a cada uno de los gobernantes, y por ello no es de sorprender que las respuestas sean todas parecidas. A partir de las respuestas, es posible llegar a las posibles preguntas. Y, qué duda cabe, las preguntas fueron concebidas teniendo en mente una monarquía unipersonal, absoluta, que se enseñoreó por la fuerza en un contexto feudal y que muestra su poder a través de sus grandes palacios y las fortalezas que construyó para defenderlo. Como se trata de una sociedad clasista y que, además es racista, no está en capacidad de reconocer los hechos de alta cultura de grupos sociales que la antecedieron y compartieron la organización del territorio peninsular. Entonces, más que pensar en una historia “oficial” de los hechos de los Inkas, cabría proponer que Cieza estaba recopilando de sus informantes los datos que le permitirían construir una historia “a la española”, con sucesiones dinásticas masculinas, luchas constantes entre señores, ejércitos en pie de guerra en constante avance y ocupación bélica de nuevos territorios; es decir, un pueblo ocupado en la construcción de un Imperio. Esta imagen europea se desdice cuanto el mismo cronista nos relata la enorme cantidad de tierras sembradas por poblaciones sedentarias (incluyendo a los trasladados o mitmaq) y los graneros repletos de toda clase de productos, entre otros comentarios que nos informan de una sociedad más bien pacífica. Otra cosa que menciona es que los edificios que encuentra estarían intactos, de no haber sido por los españoles. No nos refiere escenas de ciudades arrasadas o de templos destruidos por los mismos nativos, como resabio de esa actividad guerrera de anexión y conquista que les atribuye.

En la Segunda parte, Cieza no sólo hace referencias a temas que presentó en la Primera parte, sino que además nos demuestra que esta parte la escribió y editó posteriormente. Por ejemplo, Cieza escribe: “... quando fue [sic] a presentar la Primera Parte de mi Coronica al prinçipe don Felipe...” (1985: 80). Este viaje a Toledo, España lo hizo a fines de 1552 (Maticorena, 1955:620), lo que prueba que Cieza seguía añadiendo información a su Segunda parte hasta en 1552. Esto nos indica, tal como lo sostiene Maticorena (Pease, 1984: xxii; Jiménez, 1877: cvii) que si su primera versión quedó terminada en 1550, sus revisiones continuaron hasta, por lo menos, 1552. Debemos entender entonces, que cuando Cieza declara que “se termino de escrevir originalmente”, se está refiriendo a un primer borrador terminado, al que le continuó añadiendo, quitando y cambiando términos y frases debido, mayormente, a procesos de internalización de la censura prevaleciente en España y a su constante preocupación por lograr claridad para los lectores que no conocían las Indias. Aún otra indicación en el texto de la contínua labor de edición de Cieza, es su fuerte crítica a Francisco López de Gómara y su posterior tachadura. Lo que Cieza critica es la Historia general de las Indias, publicada en Zaragoza en 1553 y re-impresa ese mismo año y en 1554. Como Gómara escribía (o copiaba) en España, no creemos que le fuera posible a Cieza tener acceso a sus manuscritos antes de 1552. Pensamos, más bien, que Cieza leyó su Historia general… en España, una vez publicada. En una primera versión, Cieza escribe:

“Y esto digo porque entre mas otras que Gomara en la ystoria que llama de Yndias escrive pone questos mitimaes eran esclavos de Guaynacapa. Pero estos descuydos tienen todos los que escriven por relaçion y cartapaçios sin ver ni saber en la tierra donde suçede y de donde escriven lo que pasa cierto y verdaderamente.”

Su versión final es:

“Y esto digo porque en la ystoria que llaman de Yndias esta escrito por el autor questos mitimaes eran esclavos de Guaynacapa. En estos descuydos caen todos los que escriven por relaçion y cartapaçios sin ver ni saber en la tierra de donde escriven para poder afirmar la verdad.” (1985: 63) (Cantu 1985: xxvii).

Francesca Cantù 9 ha observado y estudiado las diferencias entre las enmendaduras y la versión corregida. En su caso, demuestra que las enmendaduras las hizo el mismo autor, probando que el manuscrito del Vaticano es autógrafo. Al indentificar las causas de las correcciones, ella las atribuye también a auto-censuras o a esfuerzos por aclarar sus expresiones. Para nosotros, las correcciones revelan, además, un continuo trabajo de edición, indicativo de que Pedro de Cieza seguía elaborando sus originales, seguramente, hasta su prematura muerte en Sevilla.

Críticas a la edición y comentarios acerca del manuscrito

En vista de la excelente edición preparada por Francesca Cantù y publicada por la Pontificia Universidad Católica del Perú, he considerado innecesario recurrir al manuscrito que se encuentra en el Archivo Vaticano. El equipo de trabajo ha utilizado como fuente única el texto publicado en 1985 en Lima, Perú.

En su Prólogo, la especialista italiana describe el manuscrito con estos términos:

“El manuscrito Reginense Latino 951 tiene un tamaño de 290/300 x 210 mm., es de papel [de trapo] y pertenece al siglo XVI; el estado de su conservación es deficiente, también porque fue objeto de una mala restauración bajo el pontificado de Pío VI. En efecto, han sido pegadas tiras de papel blanco a lo largo de los márgenes de los folios más deteriorados, cubriéndose así letras y palabras a lo largo del margen externo. El volumen ha sido refilado sin percatarse del hecho que la operación ha eliminado, a menudo, en la esquina superior externa, la numeración de los folios, o, en parte, el último renglón de escritura a lo largo del margen inferior. La numeración original en números romanos ha sido sustituida por una numeración más moderna, en tinta negra, en cifras árabes.
El primer folio de la Segunda Parte viene después del folio 132 (el último de la Tercera) y le falta el cuarto superior derecho. Está escrito a toda página y es evidente que no se trata del primer folio de la obra de Cieza. El segundo folio lleva la numeración arábiga 133 (que sigue progresivamente hasta 216ro –88 conforme a la numeración antigua–, último folio del manuscrito); sin embargo, es claramente visible en el margen superior externo la antigua numeración romana, ‘1985I’, borrada por un trazo de pluma posterior. Parecería, entonces, deducible el hecho que falta el folio I ro – vo. …
A diferencia de la Tercera parte, los cuadernillos no están distinguidos ya sea con una cifra o con una letra del alfabeto. Además, el estado de la encuadernación hace imposible establecer la entidad de los respectivos cuadernillos y su número total.

En cambio, el manuscrito está redactado, al igual que la Tercera parte, a toda página, cada una de las cuales consta de 31 a 35 renglones, con un margen blanco de alrededor de 40mm., a la izquierda del folio.

La numeración antigua es siempre legible, excepto en esas esquinas donde ha sido eliminada por el refile del margen: nosotros la hemos adoptado para esta edición de la Segunda parte porque es originaria.

El papel lleva en filigrana las figuras clásicas de la ‘serpiente’, de la ‘mano con estrella’ y del ‘viandante’, con esas características que son propias, según los análisis de C.H. Briquet y de F. de Bofarull y Sans, del papel producido en España entre los años treinta y sesenta del siglo XVI.

Al manuscrito vaticano le faltan, lamentablemente, los folios 63 ro – vo y 64 ro – vo. Esta pérdida en la encuadernación del manuscrito debe haberse producido muy tempranamente, puesto que se refleja también en las copias utilizadas por Gonzáles de la Rosa y por Jiménez de la Espada, los cuales, en sus respectivas ediciones, transcribieron el contenido del folio 62 vo y aquel del folio 65 ro, uno seguido del otro, sin solución de continuidad. Carlos Araníbar, recogiendo una sugerencia de M. Jiménez de la Espada, en su edición de 1967, separó el contenido de los dos folios, dotando el fragmento del folio 65 ro de una titulación propia, identificándolo como “cap. LV” (n.b.: al igual que en los demás, en el manuscrito vaticano los capítulos no están numerados).. En esta edición hemos acogido y seguido la indicación proporcionada, para el caso, por Araníbar.” (Cantù, 1985: xxiv-xxv)

Criterios de transcripción paleográfica

“Para la transcripción del texto [tanto de la Segunda parte El Señorío de los Incas como] del Descubrimiento y conquista del Perú [Tercera parte] hemos seguido las “Normas para la transcripción de documentos hispano-americanos” consignadas en la resolución No. 9 de la Primera Reunión Interamericana sobre Archivos (Washington, D.C., 27 de octubre de 1961).

Conforme a tales normas, hemos respetado siempre la ortografía del manuscrito, aún cuando ésta fuera defectuosa. Se ha conservado el uso de las letras “ç”, “s”, “z”, “b”, “v”, “x”, “y”, etc. La “u” y la “v” han sido transcritas según su valor fonético; la “h” superflua ha sido conservada, la omitida no ha sido agregada.

Se ha conservado todas las variantes de una misma palabra (p.e. muger/mujer; fecho/hecho; guéspedes/huéspedes, etc.) así como las variantes ortográficas de los nombres de personas o de lugares.

Las palabras que en el original aparecían unidas han sido separadas según el uso actual, respetando, sin embargo, las debidas contracciones de palabras. El empleo de las mayúsculas y minúsculas ha sido adecuado a la ortografía moderna; las abreviaturas han sido resueltas y se ha introducido, moderadamente, la puntuación.

Han sido agregados entre corchetes ([]) las letras o palabras que faltaban en el texto a causa de la mala conservación del manuscrito, así como las que se ha considerado conveniente introducir para una mejor comprensión. En cursiva aparecen las letras, palabras y oraciones que el autor ha agregado al margen o en los espacios interlineares. Tres asteriscos (***) indican las lagunas que el mismo autor ha dejado en el texto.

Por último, y siguiendo el ejemplo de autoriades en la materia, hemos introducido la acentuación moderna.” (Cantù, 1996: xci).

Glosario de Pedro de Cieza de León

El glosario indígena de la Segunda parte de Pedro de Cieza de León que hemos identificado suma 346 palabras, listado que incluye (más no cuenta) las duplicadas. Consideramos que este es un gran número, ya que la Segunda parte de la Crónica del Perú, en su versión impresa, ocupa 213 páginas, lo que nos deja con más de una palabra por página. Esto se debe al tenor de la obra, ya que la Segunda parte se refiere al “señorío de los Incas”, de manera que al hablar de ellos y sus hechos no extraña encontrar tantas palabras indígenas que describen y explican la cultura Inca que encontraron los españoles. Nótese, también, que las frases en lenguas indígenas se han considerado como una entrada, cuando si se les separara por palabras sumarían aun más de las que tenemos.

Al interior de este glosario de palabras indígenas de Cieza tenemos dieciocho centroamericanismos, testimoniando su largo periplo por la zona, desde 1535 hasta 1547. Entre estas palabras hay un mexicanismo, tianguez, mientras que la gran mayoría pertenecerían a la lengua Taino.

Asimismo, el glosario completo recoge dieciocho hispanismos, palabras castellanas que describen realidades indígenas como: orejones, provincias, principales, reyes, reynas, etc. Las hemos incorporado por el interés que despiertan las descripciones tempranas de la organización social y política inka y de otros grupos étnicos, entidades que aun se resisten a una interpretación cabal. Sus contenidos semánticos son indígenas, aunque estén descritos con lexemas hispanos.

La mayoría de palabras indígenas identificadas pertenecen a la lengua quechua; algunas comparten su identidad lingüística con el aimara y, probablemente, con el puquina. Los avances en los estudios sobre las lenguas indígenas andinas han sido muy fructíferos, y nos obligan a revisar constantemente la identidad lingüística que le hemos asignado a cada término. Es necesario subrayar que tanto la identidad lingüística como la normalización gráfica deben entenderse como ayudas para la comprensión de los términos y no como instancias definitivas y consagradas. Esto no es posible por las dificultades encontradas en los registros manuscritos antiguos, por la deficiencia del conocimiento de las lenguas andinas por quienes las recogían como parte de sus documentos y crónicas y por las sucesivas transcripciones que estos manuscritos han tenido en su larga historia. Este es uno de los motivos principales por los que, quienes trabajamos en los glosarios de Glosas croniquenses, opinamos que Glosas está en constante revision, ajuste y aumento. Muchas palabras indígenas se han castellanizado, algunas con elementos tan simples como el añadido de la “s” española para pluralizarlas. Esto es tan común en los diferentes cronistas que a un investigador poco avisado esto puede pasársele inadvertido. Como ejemplos tenemos Chachapoyas, Chumbivilcas, chiriguanaes, etc.

En general, nos interesa ampliar el corpus léxico indígena, recuperar terminología antigua que quizás haya caído en desuso o se haya perdido. Asimismo, consideramos de gran importancia recuperar los contenidos semánticos que hayan podido desaparecer al no existir más los hechos culturales que los originaron. El contenido semántico de muchos términos indígenas fue truncado al reducirlos únicamente a la utilidad que le consignaron los españoles, como sucedió con muchos términos relacionados con el mundo sagrado indígena.

Bibliografía

Araníbar, Carlos “Introducción” en El señorío de los Incas, Instituto de Estudios Peruanos, Lima, 1967

Ballesteros Gaibrois, Manuel “Introducción”, en Crónica del Perú, Primera Parte, Historia 16, 2nda. Ed., Madrid, 1984

Cantù, Francesca Edición, Prólogo y Notas in Cronica del Perú, Segunda Parte, El señorío de los Yngas, [1550], Ed. PUC, Lima, 1985, xi – lxxxv.

“Prólogo”. Crónica del Perú, Tercera Parte [1550]. 3era edición. Fondo Editorial Pontificia Universidad Católica del Perú. Lima. 1996, xiii - xci

Catálogo de pasajeros a Indias durante los siglos XVI, XVII y XVIII, Volumen II (1535 – 1538). Sevilla, 1942

Cieza de León, Pedro de Crónica del Perú. Segunda Parte, El señorío de los Yngas, Edición, Prólogo y Notas Francesca Cantù, Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima, 1985

Crónica del Perú. Primera Parte, Introducción Franklin Pease, Nota Miguel Maticorena, Pontificia Universidad Católica, Lima, 1984

Hampe Martínez, Teodoro Don Pedro de la Gasca (1493 - 1567). Su obra política en España y América, Fondo Editorial PUC, Lima, 1989

Jiménez de la Espada, Marcos “Prólogo”, Edición, Notas y Apéndice. La Guerra de Quito de Pedro de Cieza de León, Tomo I, Imp. M.G. Hernández, Madrid, 1877, 6-120

López de Gómara, Francisco Hispania Victrix. Primera y segunda parte de la Historia General de las Yndias , (Medina del Campo, 1553), Madrid, 1965

Martínez, José Luis Pasajeros de Indias. Viajes transatlánticos en el siglo XVI, Alianza Editorial, México, 1984

Maticorena Estrada, Miguel “Cieza en Lima y Sevilla”, en “Opinión”, El Peruano (?), enero de 1991, A–5

“Los Cazalla de Cieza de León en España y en el Perú”, en Revista Epoca, No. 240, Lima, octubre de 1990, 29-30

“Nota”, Crónica del Perú. Primera Parte, Pedro de Cieza, Ed. PUC, Lima, 1984

“Cieza de León en Sevilla y su muerte en 1554. Documentos”, in Anuario de Estudios Americanos 12, 1955, 642 – 674

Mendiburu, Manuel de Apuntes históricos del Perú y noticias cronológicas del Cuzco, Imprenta del Estado, Lima, 1902

Pease G.Y., Franklin “Introducción”, Crónica del Perú Primera Parte, [1550], Pedro de Cieza de León, Fondo Editorial, PUCP, Lima, 1984, xi – xlvi

Las crónicas y los Andes Eds. Pontificia Universidad Católica del Perú y Fondo de Cultura Económica, Lima, 1995

Pérez Fernández, Isacio Bartolomé de las Casas en el Perú. El espíritu lascasiano en la primera evangelización del imperio incaico. 1531 - 1573, CERA Bartolomé de las Casas, Cuzco, 1986

Presta, Ana María “Encomienda, Family, and Business in Colonial Charcas (Modern Bolivia): The Encomenderos of La Plata, 1550-1600” . Diss. Ohio State University, 1997. Ann Arbor: UMI 1997. 9801762.

Colaboradores

Este Glosario, en su primera edición del 2003, es el resultado del trabajo del equipo conformado por los estudiantes de post-grado del Departamento de Español y Portugués de la Universidad de Arizona Judith Caballero y Vania Barraza, digitadoras. Miguel Rodríguez Mondoñedo, estudiante de post-grado de Lingüística hispánica de la Universidad de Arizona participó en el proyecto realizando el diseño final y el montaje en la red electrónica. Marco Ferrell, lingüista especializado en lenguas andinas colaboró con la representación fonética de los vocablos indígenas y con la identificación de la lengua a la que pertenecen. Lydia Fossa, PhD, responsable del proyecto, realizó los trabajos de revisión y coordinación.

Esta parte de Glosas croniquenses: el mundo andino en lenguas indígenas y castellano ha recibido aportes del College of Humanities y del Departament of Spanish and Portuguese de la University of Arizona.

El presente Glosario, versión 2015, es el resultado del cuidadoso trabajo de María Claudia Delgado, Diana Coronado y Marco Ferrell y la coordinación de Lydia Fossa, PhD. Asimismo, han colaborado la Unidad de Automatización del Sistema de Bibliotecas y la Oficina de Asesoría Técnica del Rectorado de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Este Glosario forma parte ahora del Repositorio Institucional de la PUCP, gracias a un convenio firmado entre Lydia Fossa, PhD, responsable del proyecto y el doctor Marcial Rubio, Rector de la Universidad Católica del Perú. Este proyecto ha visto la luz gracias a la invitación del doctor Marco Curatola, Director del Programa de Estudios Andinos de la misma Universidad.

Comentarios y sugerencias a: lfossa@pucp.edu.pe.


1. “… el elegido (como Oidor) fue un antiguo estudiante de Derecho de la Universidad de Bolonia, el doctor Melchor Bravo de Saravia, quien recibió su nombramiento en febrero de 1548, y luego comenzó a hacer los aprestos para el dilatado viaje hasta su destino.” (Hampe, 1989: 149-150).(Subir)

2. “Sevilla, la primera ciudad española de la época, era un puerto fluvial conectado por el Guadalquivir al pequeño puerto sobre el Atlántico de Sanlúcar de Barrameda. Este complejo, Sevilla-Guadalquivir-Sanlúcar, fue el de uso dominante en el siglo XVI. …. Más tarde, el puerto más utilizado fue el de Santa María, en la bahía de Cádiz. Ocasionalmene se permitía que los barcos zarparan de los puertos de las costas vizcaínas y mediterráneas.” (Martínez, 1984: 81).(Subir)

3. “Cuando comprobamos el cambio de apellido se amplió la información sobre Cieza. Hasta 1546 aparece como Pedro de León. Intercala después el apellido de Cieza. Con aquellas denominaciones pudo encontrarse su huella en Cartagena y Popayán (1536–47).” (Maticorena, 1991: A5)..(Subir)

4. Véase la Nota 14 en Pease, “Introducción” a la Primera parte, página xxiv.(Subir)

5. “Pedro López de Cazalla, paje de Pizarro, secretario de Vaca de Castro y La Gasca. Tan importante cargo tuvo que Gasca se reunió con este Pedro y el Arzobispo Loayza para hacer reparto de Huaynarima.” (Maticorena, 1990: 30).(Subir)

6. El cargo de Cronista de Indias, hasta donde se sabe extraoficial en el caso de Cieza, se lo reconoce posteriormente Antonio de Herrera cuando en un informe, fechado en Valladolid, julio de 1603, se refiere a “Pedro de Cieza, cronista de aquellas partes por orden del Presidente Gasca…” (Pease, 1984: xxviii). Hay, hasta ahora, mucha discusión académica sobre si Cieza fue nombrado o no como cronista por Gasca. Las dudas quedarán mientras sigamos sin encontrar documentos probatorios. Por nuestra parte, creemos que Gasca zanjó la cuestión de una posible deuda para con las labores extraoficiales de cronista que desempeñó Cieza, apoyándolo en la publicación de la Primera parte, que, en general, se refiere a la labor de Gasca en términos muy laudatorios.(Subir)

7. “… Licenciado Pedro de la Gasca had appointed him (Polo de Ondegardo) Corregidor and Justicia Mayor in Charcas.” (Presta, 1997: 243).
“Ondegardo’s stay in Potosí as Corregidor and Justicia Mayor at Charcas (1548 – 1550)…” (Presta, 1997: 244). (Subir)

8 “… y aun por ventura algund escritor destos que de presto se arrojan lo escrivira… y esto y otras son testimonio que nosotros los españoles levantamos a estos yndios queriendo con estas cosas que dellos contamos encubrir nuestros mayores yerros y justificar los malos tratamientos que de nosotros an reçibido. No digo yo que no sacrificavan… pero no era lo que se dize ni con mucho… pero criaturas humanas menos de lo que yo pense…” (Cieza, 1985: 75). (Subir)

“Esto apunto para los españoles que estan en el Peru que presumen de saber muchos secretos destos que entiendan que supe yo y entendi lo que ellos piensan que saben y entienden que supe yo y entendi lo que ellos piensan que saben y entienden y mucho mas y que de todo convino escrevirse lo que veran y que pase el travajo en ello que ellos mismos saben.” (Cieza, 1985: 150).

“Guascar hera hijo de Guaynacapa y Tabalipa tambien. Guascar de menos dias, Atabalipa de mas años. Guascar hijo de la Coya hermana de su padre señora prinçipal , Atabalipa hijo de una yndia quilaco llamada Tutu Palla. El uno y el otro naçieron en el Cuzco y no en Quito como algunos an dicho y an escrito para esto sin lo aver entendido como ello es.” (Cieza, 1985:202)

9. “... la abundante presencia de correcciones, de labor de integración, de modificación del estilo y de anotaciones efectuadas en el texto por la misma mano que lo redactó, revelan la huella de un evidente trabajo de redacción que sólo un autor podía cumplir...” (Cantù, 1985:xii).(Subir)