Juan de Matienzo

Su Señoría, el Licenciado Juan de Matienzo de Peralta, Oidor de la Real Audiencia de los Charcas, autor del Gobierno del Perú, 1567*

El primer contacto con el ambiente peruano del Licenciado Juan de Atienza, luego conocido como Matienzo, tuvo lugar en 1561 (Lohmann, 1966:36). Fungió como Oidor de la Audiencia de Charcas de 1561 a 1579, año en que falleció.

El autor

Su nacimiento tuvo lugar el 22 de febrero de 1520, en Valladolid. Fue hijo del licenciado Atienza, cristiano viejo, oriundo de Colindres, Santander, empleado de la chancilleria vallisoletana durante veinte años. De su madre sólo se sabe el primer nombre, Ana. (Lohmann, 1966:37). Matienzo utilizó el apellido Atienza hasta 1559 “y con tal apellido se le autoriza a pasar a Indias en 1559”. Venía de una familia de jurisconsultos. Estudió durante diez años leyes en la Universidad de Valladolid, hasta alcanzar el grado de Licenciado. Trabajó 17 años en la chancillería de Valladolid, igual que su padre, y llegó a ser relator allí. Demostró tener un profundo conocimiento del latín: escribió tres de sus libros, estudios de materias jurídicas, en esa lengua. Le dedicó su primer libro, Dialogus Relatoris impreso en 1558, al licenciado Cristóbal Vaca de Castro en 1557.

El 7 de setiembre de 1558 se le extiende el nombramiento de Oidor en el flamante tribunal altiplánico (Lohmann, 1966:41). Se le concede el paso a Indias el 25 de noviembre de 1559 y el 25 de enero de 1560 se embarcó en Sanlúcar. Desembarcó en Paita para llegar a la Ciudad de los Reyes por la ruta terrestre. Llegó a Lima el 5 de febrero de 1561 (Lohmann, 1966:43 ¡Su viaje demoró algo más de un año! Viajaba con el nuevo Virrey del Perú, el conde de Nieva. Llegó al Peru con un nutrido séquito de acompañantes y parientes verdaderos y otros encubiertos bajo el eufemismo de criados (Lohmann, 1966:42), y con cuatro esclavos negros. Gastó mucho dinero, prestado, en piezas de tela, vino y otros objetos, a cargo de sus emolumentos que serían pagados de las arcas de Charcas. Se advierte por ello que le gustaba, a él y a su comitiva, vivir bien y de acuerdo a su nueva circunstancia, aunque nunca ganó más de lo que gastó.

Matienzo asumió su cargo y juramentó el 4 de abril de 1561, en Lima. El territorio que le correspondería administrar a la Real Audiencia de los Charcas aún no había sido debidamente demarcado. “Sin pérdida de tiempo, comienza a desarrollar la tarea crítica y admonitiva que llenaría su vida durante los veinte años siguientes, sin descanso y sin tregua…” (Lohmann, 1966:45). Al poco tiempo de haber llegado, “ya se considera en aptitud de proponer diversas iniciativas y con entereza denuncia corruptelas… sugiere nada menos que la supresión del cargo de virrey y el ejercicio del gobierno por seis oidores que formarían un tribunal, en el cual se refundirían las Audiencias de Lima y de los Charcas, con sede en Arequipa”, lo que permitiría administrar el territorio hasta Chile. Este tipo de propuestas, que hiciera durante toda su vida, le traerían numerosos contratiempos y lo enemistarían con las autoridades del Consejo de Indias, con sus colegas y con las autoridades virreinales. Amargamente diría: “andar a derechas aprovecha poco en esta tierra…” (Lohmann, 1966:50). En los casi veinte años de trabajo en la Audiencia, nunca fue promovido y nunca fue suficiente el dinero que recibía como emolumento, pues tenía que mantener a toda la gente que había llevado. Esto lo lleva a escribir: “La fama de la gran riqueça del Peru, a los que aca estamos, nos paresce que lo devimos soñar, y en despertando no vimos nada… no es la veyntena parte de lo allá se dize…” (Lohmann, 1966:49).

Recién el 22 de mayo se establece el territorio de la Audiencia de los Charcas y el virrey Conde de Nieva le encarga a Matienzo, en su calidad de Oidor decano y por ausencia de otras personas, el sello real y los despachos correspondientes. Viaja, entonces, con su numerosa familia y allegados, a Arequipa por tierra y de allí a los Charcas, lo que hoy es Sucre, Bolivia, a donde llega el 7 de setiembre de 1561. Matienzo tuvo 10 hijos, cuatro de los cuales nacieron en los Charcas, cuatro se habrían quedado en España y dos lo acompañaron en el viaje a Indias. El poblado contaba con 32 encomenderos, 200 moradores españoles y otros 800 españoles más “diseminados en haciendas y minas” (Lohmann, 1966:48). No se tiene noticia del número de indígenas que vivía en la región, pero debe haber sido importante. Había sido nombrada sede episcopal desde 1552 y ya estaban afincados alli agustinos, dominicos, franciscanos y mercedarios. Uno de estos vecinos encomenderos era Polo Ondegardo, licenciado como él y además, paisano. Otro de los habitantes notables de los Charcas fue su obispo, fray Domingo de Santo Tomás, religioso dominico, quien fuera adversario político tanto de Matienzo como de Ondegardo, quienes abogaban por la perpetuidad de las encomiendas.

Al principio de su estadía, no había mucho trabajo en esa Audiencia, de manera que el Oidor tenía mucho tiempo para dedicarse a lo que más le interesaba: la alta política del virreinato y de su audiencia. “Seis meses después de asumir el cargo, recomienda en los términos más persuasivos a las autoridades metropolitanas el expediente de abrir nuevas vías de comunicación con la península ibérica por la ruta del Río de la Plata hacia el Atlántico, proposición … que [incorporó] al texto del Gobierno del Perú” (Lohmann, 1966:52). Este proyecto nunca lo abandonó y aún después de fallecido, lo seguían sustentando los habitantes de Buenos Aires (53).

A pesar de sus intenciones probas, la escasez de dinero le haría convertirse en comerciante, aunque no directamente, pero varios de sus allegados compraban mercaderías en Lima que vendían luego en una tienda que poseía en Potosí. Se dice que sus esclavos vendían velas. En general, los habitantes de la villa tampoco lo querían. Lo consideraban muy inclinado a las diversiones deportivas, de suertes, a la música, y por las relaciones de sus compras, al vino. Jugaba demasiado al ajedrez y le echaba mano a los dados con mucha frecuencia y no le gustaba perder. Asimismo, hay quejas de que utilizaba la mano de obra de los querellantes para beneficiarse mientras esperaban a que se ventilaran sus juicios. Pero, como su prestigio era importante para su carrera, evitó hacer estas demostraciones de exceso y “supo salir airoso de estas maledicencias” (Lohmann, 1966:55).

Como parte de su trabajo le tocó hacer el juicio de residencia al doctor Gregorio González de Cuenca, en el Cuzco. En 1564 viajó para allá, y cometió algunas imprudencias que después le valdrían amonestaciones y más críticas. Además, le hizo una evaluación tan detallada y rigurosa a González de Cuenca, que este reaccionó contra su juez. Matienzo también ofreció sus buenos oficios para dialogar con Titu Cusi en Vilcabamba, lo cual hizo en dos oportunidades, entre abril y junio de 1564. Uno de los capítulos de su obra describe estas conversaciones. González de Cuenca llegó a sobornar al enviado de Matienzo que llevaba el informe final a la Corona, y retiró del expediente 600 hojas en las que las acusaciones de irregularidades eran patentes. Esto ocasionó un problema mayor, que solucionó Matienzo enviando otra copia del expediente completo. Esto generó el rechazo de González, quien a su vez, acusó al Oidor de añadir páginas a un expediente cerrado. La Corona envió a un comisionado a visitar la Audiencia de los Charcas para aclarar el asunto. Todos los miembros de la Audiencia, menos Matienzo, fueron condenados a diferentes penas.

A mediados de 1567 terminó su segunda obra de envergadura, su Gobierno del Perú. Esta obra fue muy importante para el desempeño de las labores del Virrey Francisco de Toledo, quien “hizo superior aprecio de las disposiciones y conocimientos de Matienzo” (Lohmann, 1966:60). Lohmann opina que hay suficientes concordancias entre el Gobierno del Peru y la “Instrucción general” de Toledo como para pensar que el Virrey tomó la obra del primero como la base para desarrollar la segunda (61). Además, “el virrey incorporó a Matienzo en el equipo de sus consejeros y ayudantes, para compartir delicadas tareas de asesoramiento politico-administrativo con los jesuitas PP. Acosta, Ruiz de Portillo y López y los juristas Polo Ondegardo, Loarte y Gutiérrez Flores, y el agustino P. Juan de Vivero…” (Lohmann, 1966:63).

En 1571 el Virrey le encargó una delegación que debía visitar la ciudad de La Plata. Esta fue ocasión para que Matienzo viera en el terreno sus propuestas de conectar Charcas con el río de La Plata y el Atlántico. Además “entendía que mediante la visita se coordinaría el régimen más idóneo para los indios, descargándose la conciencia regia de todo escrúpulo y cohonestándose la retención por la Corona española de las comarcas del Nuevo Mundo, en razón de haberlos redimido del despotismo de los Ingas y sobre todo, eximiéndolos de las vejaciones a que los sometían los curacas” (Lohmann, 1966:64). Queda evidente su interpretación toledista del incario como sistema tiránico. Personalmente redujo los repartimientos de Moromoro y Caracara. Del primero fundó Villanueva de la Plata, con el segundo, el pueblo de Toro “seguramente en homenaje a su mujer, que llevaba ese apellido” (Lohmann, 1966:64).

Matienzo conoció personalmente al Virrey Toledo en Potosí, en diciembre de 1572 (Lohmann, 1966:64). Interesa destacar aquí la opinión de Matienzo que expresó el Virrey, tal como la ha glosado Lohmann: “… aunque es cabeçudo y le parece bien su opinión, es amigo de más justicia, menos ambicioso de ser bienquisto y más desinteresado e ynclinado a las cosas de Vuestra Magestad…” (65). Se entendieron tan bien el Virrey y el Oidor, que el primero “confiesa que de buena gana le llevaría a Lima para regente de su Audiencia, por ser además el más antiguo en el escalafón e la magistratura del virreinato” (65). Las ordenanzas virreynales relacionadas con Charcas y La Plata recibieron la influencia de los escritos e ideas de Matienzo, así como también las ordenanzas de minas y de tasaciones.

En 1577 el Virrey lo nombró Justicia Mayor de Potosí. A fines de 1578 asume la regencia de la Audiencia de Charcas. Murió el 15 de agosto de 1579, a los 59 años, sufriendo de gota, megalomanía, prostatitis y jactancia. Como no había efectivo en su casa en el momento de su muerte, hubo que vender algunos objetos de plata para sufragar los gastos del entierro. Su viuda obtuvo una pensíon de la Corona por el 50% de los ingresos del magistrado, después de presentar su información de méritos.

La obra

En 1567 Matienzo le ofrece a Felipe II los dos libros que escribió en Charcas: Gobierno del Perú y Estilo de Chancillería. Estos tratados legales y de gobierno colocan a su autor en “el elenco de los tratadistas de Derecho español” (Lohmann, 1966:87). Sus obras se pueden reunir en dos grandes grupos: las dedicadas a la jurisprudencia propiamente dicha: Dialogus relatoris et advocati (Valladolid, 1548 y 1604; Alemania, 1623), Estilo de Chancilleria inédito, pero de gran circulación como manuscrito), Commentaria … in Librum Quintum (libro póstumo publicado en Madrid en 1580, 1597 y 1613), y sus textos sobre política y administración pública: Gobierno del Perú (Buenos Aires 1910, espúrea y Sevilla, 1966) y el “Memorial cobre la estabilidad y expansión de la provincia de los Charcas”, además de todas las extensas comunicaciones sobre estos últimos temas que dirigió al monarca.

De acuerdo a Lohmann, el Gobierno del Perú es un tratado de derecho político (1966:99). Este libro, que expone un ambicioso programa político y un plan de acción orgánico, fue redactado por un “jurista de relieve, profundo conocedor no sólo de la legislación castellana, … sino también de la profusa promulgada para las Indias; [el autor] se revela como un prudente estadista y acierta a recoger en ellas sus perspicaces observaciones del escenario humano que le cupo en suerte contemplar” (99). Lohmann opina que Matienzo “sin disputa, fue el escritor de mayor levadura jurídica en las Indias durante el siglo XVI” (99). Dice además, que lo que Matienzo arbitraba para la provincia de los Charcas, podía sin temor aplicarse al resto del ámbito virreinal (Lohmann, 1966:103).

El Gobierno del Perú consta de tres partes: El Prólogo, que no sólo indica las materias que tratará, sino que enfrenta a los críticos que se oponen a ellas. El tratado se inicia, en la Primera Parte, con una discusión de los justos títulos, en los que difiere de Vitoria, “anticipándose al intento que abrigara el virrey Toledo con sus famosas Informaciones” (Lohmann, 1966:103-104). Matienzo se basa para ello en la doctrina de la servidumbre natural de Aristóteles. Bajo esta perspectiva, se refiere luego al estatuto jurídico de los indígenas, contemplados dentro de la República de indios: curacas, yanaconas, hatunrunas y tindarunas, mitayos, mitimaes y trabajadores mineros. Propone la construcción de la ciudad ideal bajo autoridades españolas que tutelarían a los indígenas, y se practicaría una politica asimilacionista. Trata también el régimen de tierras, el régimen del patronato, doctrineros, diezmo, licitud de profanación de tumbas indígenas, el tratamiento a los chiriguanaes, el Inka en Vilcabamba.

En la Segunda Parte y dentro de la República de Españoles, estudia y comenta la encomienda y su perpetuidad, el gobernante ideal, la conveniencia de que la autoridad máxima no sea un virrey sino una autoridad menor (107). Le dedica un capítulo a cada una de las Audiencias, y al gobierno de las provincias de Chucuito, Tucumán y del Paraguay o Río de la Plata, Potosí y Porco. “Propone la creación de un tribunal supremo de alzada, integrado por el virrey o gobernador y dos oidores, uno de Lima y otro de los Charcas, al que denomina Rota” (Lohmann, 1966:107-108). Tiene un capítulo sobre ética, especialmente del funcionario público, muestra su interés por los artesanos españoles, los vagabundos, los casados, la educación de los hijos de conquistadores y funcionarios, etc. “Permítaseme subrayar la preocupación revelada por Matienzo en lo que concierne a la preferencia que debía otorgarse a los criollos en el disfrute de los beneficios… y el esmero en su preparación como futuros elementos dirigentes de la sociedad…” (Lohmann, 1966:108). Habla también de la restitución, de la administración de los bienes de difuntos, temas fiscales y monetarios y de la actividad mercantil. “En resolución, puede afirmarse que no hay punto sustancial en el hirviente mundo del virreinato peruano en la sexta década del siglo XVI ante el cualMatienzo haya permanecido insensible o indiferente” (Lohmann, 1966:109).

Su obra es, en síntesis, un “esquema de codificación” indiano, ya que refina dictados de la corona, adecuándolos a su tiempo y circunstancia, conformando así un corpus legal orgánico. Solórzano y Pereira utilizó también la obra de Matienzo para sus De Indianorum Iure (ca 1618) y Política Indiana (1647) (Lohmann, 1966:117).

El presente glosario, basado en el libro Gobierno del Perú, consta de 343 entradas, en las que destaca una gran cantidad de topónimos pertenecientes a la región jurisdiccional de los Charcas. Muchas de las lenguas en que están esos topónimos están signadas como “Inciertas” en los cuadros pertinentes, porque carecemos de información sobre ellas hasta el momento. El territorio en mención cubría el sur del Perú, Bolivia, el norte de Chile y Argentina y el Paraguay. Hemos identificado los pertenecientes al Quechua, Aimara y Puquina, pero ha faltado los correspondientes a lenguas habladas en zonas más alejadas de nuestro actual territorio nacional. Incorporamos los topónimos quechuas y aimaras porque, en general, son descriptivos del lugar que nombran, por lo que enriquecen también la lexicografía de esas lenguas. En el glosario de Matienzo hay términos indígenas en lenguas antillanas y mexicanas. Incorporamos también algunos términos en castellano porque describen instituciones o funcionarios indígenas. Creemos que este es un aporte para el conocimiento de la terminología aimara y hasta puquina.

Jorge Huamán se ha encargado de verter el texto del Licenciado Juan de Matienzo al medio electrónico; Marco Ferrell se hizo cargo de la normalización e identificación lingüísticas, Joseph Devereaux colaboró con la consolidación de la versión en la internet, y Lydia Fossa fue la coordinadora del equipo y la revisora final.

En su segunda edición, este Glosario ha recibido el cuidadoso trabajo de María Claudia Delgado y Diana Coronado. Asimismo, han colaborado David King, Luis Maguiña, Marco Ferrell, Sebastián Pimentel, bajo la coordinación de Jorge Solís, de la Oficina de Asesoría Técnica del Rectorado de la Pontificia Universidad Católica del Perú y la dirección de la Dra. Lydia Fossa Ph. D. Este Glosario forma parte ahora, del Repositorio Institucional de la PUCP, gracias a un convenio firmado en setiembre del 2014 entre Lydia Fossa, PhD, responsable del proyecto y el doctor Marcial Rubio, Rector de la Universidad Católica del Perú. Este proyecto ha visto la luz gracias a la invitación del doctor Marco Curatola, Director del Programa de Estudios Andinos de la misma Universidad.

* La información aquí presentada ha sido extractada del Estudio Preliminar de la edición Sevillana de 1966 del Gobierno del Perú, cuyo autor es el doctor Guillermo Lohmann Villena. La redacción del presente texto se debe a Lydia Fossa, PhD.