Polo Ondegardo

El presente glosario se ha generado a partir de la relación conocida como Notables daños de no guardar a los indios sus fueros , cuyo autor intelectual es Polo Ondegardo. Esta relación, dirigida al Virrey Francisco de Toledo, es una respuesta a múltiples solicitudes de información de los reyes de España que le llegaban a través de sus representantes en Indias. La redacción de este manuscrito se terminó en 1571, no para su impresión y difusión, sino como un documento interno que circularía sólo dentro de la corte española. Aunque Ondegardo era vecino de La Plata (hoy Sucre, Bolivia), donde trabajó en el documento, el Virrey Toledo lo nombró Corregidor del Cuzco en 1571, cargo que ostentó hasta 1573, cuando ejerció las funciones de Corregidor de Las Charcas, circunscripción a la que pertenecía La Plata.

El objetivo de este glosario es resaltar la cantidad y variedad de las voces nativas que un funcionario español incorpora en un documento oficial para poder explicar mejor la realidad americana del siglo XVI a unas autoridades peninsulares que nunca habían ido a ultramar. Esas voces indígenas son parte del patrimonio lingüístico de las lenguas nativas americanas y el glosario contribuirá a enriquecer ese acervo, tanto desde el punto de vista léxico como semántico. Es igualmente importante incorporar al léxico indígena las definiciones en lengua castellana que les da el autor, así como las funciones que le atribuye y las equivalencias que proporciona. De este conjunto de datos se puede obtener una mejor y más amplia comprensión de términos y conceptos indígenas que aún permanecen oscuros para los estudiosos. Para contribuir aún más al conocimiento del mundo indígena a través de su léxico, han sido incorporados al glosario términos en castellano que expresan realidades indígenas que el autor ha considerado como los equivalentes castellanos más próximo a los conceptos nativos. Otro vacío que llenará Glosas croniquenses es el que dejaron los vocabularios compilados por religiosos en los siglos XVI y XVII, en los que quedaron silenciados explícitamente los términos y las acepciones que pudieran recordar o celebrar las expresiones sagradas nativas. Esto significó una reducción y simplificación significativas del léxico indígena.

El glosario incluye también topónimos, etnónimos y patronímicos. Todas estas palabras no sólo contienen material semántico, sino que ilustran la versatilidad del uso del léxico. Indican además, sobre todo los topónimos y los patronímicos, combinaciones léxicas de más de una lengua nativa, lo que permitirá establecer zonas de convergencia y superposición lingüísticas en las zonas descritas a finales del siglo XVI..

Las lenguas indígenas a las que pertenecen los términos seleccionados han sido identificadas hasta donde ha sido posible. La mayoría de las entradas pertenece al quechua. En menor cantidad hay términos aimara y aún menos del puquina. También aparecen términos del taino y otras lenguas de las islas caribeñas. Las entradas en lenguas nativas andinas: quechua, aimara y puquina, han sido registradas tal como aparecen en el texto editado y en el manuscrito. Si la representación gráfica de la palabra seleccionada difiere entre el texto editado y el manuscrito, se ha optado por realizar la normalización del término del manuscrito. Para la normalización de cada una de ellas se ha utilizado los alfabetos desarrollados para el quechua y el aimara y las correspondientes morfologías establecidas, contribuyendo así no sólo a la identificación de las palabras, sino a su reconstrucción fonética. Esto ha sido imprescindible por la diversidad de formas de registro escrito de cada palabra en lengua nativa debido a que se trata, en muchos casos, de la primera vez que se les registra por escrito en caracteres fonéticos.

El manuscrito, de la Biblioteca Nacional de Madrid, no ha ofrecido mayores problemas de transcripción por tratarse de un documento en buen estado de conservación. Tiene algunas tachaduras que han impedido la cabal transcripción de algunas palabaras en lenguas nativas, lo que ha redundado en la consideración de que el manuscrito es una copia del que dictara o escribiera Ondegardo. El presunto copista no parece conocer las lenguas nativas; en su transcripción se observa dudas y confusiones. Esto no podría haber sucedido en el entorno de Ondegardo, quien conocía tanto el quechua como el aimara y, seguramente, sus secretarios también. Se ha observado la separación arbitraria de grupos de palabras nativas, confirmando el desconocimiento de los segmentos léxicos de las lenguas nativas andinas. La confusión de letras y su suplantación indican también que se está copiando palabras en lenguas que se desconocen. Nada de esto sucede con términos en castellano. La letra procesal, casi cortesana, es uniforme y regular, bastante clara. Esto también hace pensar en un copista profesional, que no está escribiendo apuradamente, sino que traslada la información ya registrada en otro papel y no comprende bien algunos términos indígenas sólo por no estar familiarizado con ellos. La transcripción paleográfica de los términos seleccionados ha seguido las normas establecidas en 1961 (Primera Reunión Interamericana sobre Archivos), optando por la conservación léxica. En las glosas en castellano se observará que se ha eliminado los acentos y la puntuación respetando el uso de la época, a pesar de que las editoras del libro han modernizado el texto. El glosario incluye las citas en que aparece la palabra seleccionada, ofreciendo un contexto lo más amplio posible para su mejor comprensión y análisis. El número de página del libro editado y el número de folio del manuscrito aparecen en cada entrada para facilitar la consulta con esas fuentes. Al estudiar el manuscrito se observó varias fallas en la foliación del mismo, aunque todas sin consecuencias para el contenido del texto. La más importante es el salto del folio 30 al 40 que parece ser sólo un error de numeración de páginas, porque no hay hiato en el texto.

Este es el resultado de un trabajo en equipo formado por: Roxana Castañeda, digitadora; Martha Solano, paleógrafa; Marco Ferrell, lingüista especializado en lenguas andinas; Miguel Rodríguez-Mondoñedo, diseño final y montaje en la red electrónica; y Lydia Fossa, PhD, revisora y coordinadora.

En su segunda edición, este Glosario ha recibido el cuidadoso trabajo de María Claudia Delgado y Diana Coronado. Asimismo, han colaborado David King, Luis Maguiña, Marco Ferrell, Sebastián Pimentel, bajo la coordinación de Jorge Solís, de la Oficina de Asesoría Técnica del Rectorado de la Pontificia Universidad Católica del Perú y la dirección de Lydia Fossa, PhD. Este Glosario forma parte ahora, del Repositorio Institucional de la PUCP, gracias a un convenio firmado entre Lydia Fossa, PhD, responsable del proyecto y el doctor Marcial Rubio, Rector de la Universidad Católica del Perú. Este proyecto ha visto la luz gracias a la invitación del doctor Marco Curátola, Director del Programa de Estudios Andinos de la misma Universidad.